El Círculo Ecuestre ha acogido este jueves la conferencia Down To Africa, una sesión organizada junto al Comité de Jóvenes que ha reunido a Álex Costa y Lucas Poch, dos de los tres integrantes del proyecto nacido en Barcelona que ha convertido un sueño personal en una operación ejecutada con mentalidad empresarial: 90 días recorriendo África en moto, con más de 23.000 kilómetros y cerca de 20 países atravesados. El acto ha sido presentado por Santiago García-Mussons, miembro del Subcomité Económico del Comité de Jóvenes del Círculo Ecuestre, que ha introducido el encuentro con un vídeo resumen del viaje y ha conducido un coloquio centrado en la experiencia, la logística y la construcción del proyecto.

Al inicio de la conversación, Costa y Poch han explicado el origen de Down To Africa como un objetivo compartido desde muy jóvenes. Lucas Poch ha recordado la influencia de los viajes familiares al continente y el imaginario del antiguo Dakar como detonantes de su vocación aventurera: “Ahí se despertó la chispa”. Por su parte, Álex Costa ha vinculado el impulso a sus experiencias de voluntariado en países africanos: “Qué bonito sería enlazar estos países con una moto”. Ambos han coincidido en que el proyecto, además de cumplir un sueño, ha acabado generando un efecto inesperado de inspiración en su comunidad.
Uno de los aprendizajes clave, según los ponentes, fue la decisión de viajar tres personas. En un recorrido de largo alcance, han explicado, la convivencia y la toma constante de decisiones hace que el grupo sea un factor determinante: “Ser tres nos ha evitado muchísimos conflictos”, han señalado, destacando la agilidad para resolver desacuerdos, el equilibrio emocional y la capacidad de compensarse en momentos de bajón.
En el plano profesional, ambos han detallado cómo gestionaron el tiempo para ejecutar un proyecto de tres meses. Lucas Poch explicó que comunicó su intención con dos años de antelación y solicitó una excedencia: “Nunca es buen momento, pero o lo haces ahora o no lo acabas haciendo”. Álex Costa, por su parte, compartió que decidió cambiar de rumbo laboral y emprender como autónomo, avisando a socios y colaboradores con tiempo para poder planificar el viaje.
Durante el bloque económico, los ponentes han puesto cifras a la realidad del viaje: un coste aproximado de 10.000 euros por persona, con partidas destacadas en visados, envío de motos, vuelos, material técnico y el día a día. Han subrayado la complejidad del apartado documental y la importancia de un equipamiento robusto para acampar y afrontar condiciones extremas. También han compartido que el gasto diario rondaba los 100 euros entre los tres, con la gasolina como uno de los principales costes.

La sesión también ha abordado la construcción del proyecto desde el punto de vista de marca y patrocinios. Con una comunidad inicial reducida, explicaron que empezaron apoyándose en contactos cercanos y colaboraciones previas, hasta alcanzar el patrocinio más determinante: Royal Enfield, que les cedió tres motos. Según relataron, la negociación se inició a través de LinkedIn con un contacto de marketing en Londres, y se cerró con un enfoque basado en confianza y autenticidad. Además, remarcaron que no quisieron condicionar el viaje a entregas de contenido cerradas.
En el apartado social, Costa destacó la colaboración con Adesti, fundación vinculada a su historia familiar, a la que destinaron parte de lo recaudado a través de patrocinadores. Durante el recorrido, también visitaron Lamsa en Ghana, un proyecto de acogida centrado en el fútbol y la formación de niños en situación vulnerable, experiencia que definieron como especialmente transformadora por el impacto humano del viaje.
En cuanto a la estrategia de comunicación, Down To Africa ha crecido de forma sostenida gracias a la constancia, el relato y un enfoque orgánico del contenido. También compartieron que la edición se repartía entre los tres, sin que el contenido se convirtiera en el objetivo: “El objetivo era disfrutar del viaje”.
La conversación también incluyó momentos de gestión de crisis, como la rotura de motor en Ghana y otras anécdotas de la travesía como pinchazos, condiciones extremas o episodios con fauna local.
Sobre el futuro, Costa y Poch explicaron que no hay un plan inmediato, pero sí ideas abiertas: explorar nuevos destinos, participar en rallies y seguir desarrollando proyectos vinculados al mundo de la aventura, siempre sin forzar una monetización que pueda desvirtuar el espíritu del viaje.