El Círculo Ecuestre acogió una nueva sesión de su ciclo de coloquios, que en esa ocasión llevó por título Arte Moderno y Contemporáneo: Barcelona, la ciudad donde empezó todo. El encuentro contó con la participación de Carles Taché, galerista y promotor cultural con más de cuatro décadas de trayectoria y una figura clave en la proyección internacional del arte contemporáneo español.

El acto fue presentado por Enrique Lacalle, presidente del Círculo Ecuestre, y contó con la participación de Llucià Homs, consultor cultural y comisario de exposiciones, quien dialogó con Taché repasando los hitos de su trayectoria profesional y vital, marcada por una búsqueda constante de verdad a través del arte, su apuesta por los artistas y su profundo vínculo con la ciudad de Barcelona.




Carles Taché se definió como “un mirador de cuadros”, una expresión que resumió su manera de entender el arte desde la observación, la sensibilidad y la intuición. “Me siento un peregrino del arte”, confesó durante el coloquio, aludiendo a una vida dedicada a descubrir y acompañar el talento creativo. Para él, ser galerista siempre fue mucho más que una profesión: “El arte nace como una oración. Teníamos que cuidarlo, porque era una proyección de nuestro mundo interior”.

A lo largo del coloquio, el galerista repasó los inicios de su carrera y la influencia que artistas como Antoni Tàpies tuvieron en su manera de entender el arte como compromiso y autenticidad. También recordó su papel en la creación de Art Expo 76, la primera feria de arte contemporáneo en España, un proyecto que contribuyó a profesionalizar y dar visibilidad a un sector entonces en plena transformación. “Vi que era un sector emergente, pero al que le faltaba estructura. Había que darle forma y acompañarlo con seriedad y visión”, explicó.

Taché abordó asimismo la dimensión más personal de su recorrido, destacando cómo su curiosidad, su forma de pensar transversal y su energía —que describió con naturalidad al hablar de su experiencia con el TDA— fueron motores para explorar nuevas ideas y proyectos. “Tenías que encontrar tu sitio, como yo lo encontré en el arte”, afirmó, defendiendo la importancia de convertir las diferencias en oportunidades creativas.

Uno de los momentos más emotivos de la conversación llegó cuando habló de su vínculo con Barcelona, una ciudad que consideró esencial en su identidad. “Yo se lo debía todo a Barcelona. No me podía ir a Madrid porque mi historia y la de los artistas con los que trabajé estaba aquí”, aseguró. Recordó también proyectos que reflejaron ese compromiso, como su implicación con artistas locales y su idea de crear un gran espacio cultural en Montserrat, concebido como un punto de encuentro entre arte, espiritualidad y naturaleza. Aunque el proyecto no se materializó por falta de apoyo institucional, Taché lo evocó como un ejemplo del potencial que tenía Cataluña para liderar iniciativas culturales de alcance internacional: “Habría sido una plataforma extraordinaria para proyectar el arte catalán al mundo”.

Con una mirada apasionada y constructiva, Taché subrayó la necesidad de preservar la autenticidad del arte y proteger su valor como motor cultural y espiritual de la sociedad. Reivindicó el papel del galerista como puente entre la creación y el público, una figura que combinó sensibilidad artística, vocación de servicio y compromiso con el patrimonio cultural. “El marchante sigue siendo un gran desconocido. Nuestro trabajo fue acompañar al artista y al mismo tiempo ayudar al público a entender lo que había detrás de una obra, su verdad”, explicó.

El coloquio permitió descubrir a un Carles Taché cercano, apasionado y comprometido con la cultura, que continuó mirando hacia el futuro con el mismo entusiasmo que al principio de su carrera. “El arte nos enseñó a mirar, a pensar y a creer. Fue, en definitiva, una forma de esperanza”, concluyó.